Por qué las científicas apenas aparecen en los medios

Infografía: mujeres 26% y hombres 74% de presencia científica en noticias

La presencia de mujeres en los medios de comunicación sigue estando asociada mayoritariamente a ámbitos tradicionalmente feminizados, como los cuidados, la cultura o la salud, mientras que su participación como especialistas en áreas como la ciencia, la economía o la política continúa siendo limitada.

No es una percepción anecdótica. Según revela el último informe disponible del Proyecto Monitoreo Global (GMMP, por sus siglas en inglés) las mujeres apenas ocupan el 26% de las noticias, una cifra estancada desde hace 15 años. La socióloga norteamericana Gaye Tuchman definió esta exclusión de las mujeres en los medios de comunicación, como “aniquilación simbólica”.

En el ámbito científico, a pesar de que las mujeres sostienen casi el 40% de la investigación en España, su voz sigue infrarrepresentada en el espacio público. Esta brecha de visibilidad no solo distorsiona la percepción del talento investigador, sino que impone un techo de cristal simbólico en el imaginario infantil, alejando a las niñas de la ciencia antes incluso de que decidan su vocación [1].

El techo de papel

En España, aunque el informe Científicas en Cifras 2025 sitúa al personal investigador femenino en un 39,6%, una cantidad elevada respecto a Europa y el resto del mundo, las mujeres no tienen la misma presencia en los medios de comunicación. Esta paradoja se ha denominado “techo de papel”, al que se suma, el sesgo de atribución, conocido como Efecto Matilda: incluso cuando las mujeres consiguen asomar a la prensa, su autoría se diluye.

El informe Gender, Science and Media de la Comisión Europea constata que las investigadoras reciben menos menciones individuales que sus colegas varones, incluso siendo las autoras principales. La tendencia mediática es citar al “jefe del laboratorio”, que suele ser un hombre.

No solo no hay mujeres expertas en los medios, sino tampoco personas racializadas, del colectivo LGTBIQ+, o con cuerpos no normativos. “Al no recoger la diversidad social, los medios proyectan una imagen hegemónica de quién puede sentar opinión y al final parece que solo el hombre blanco, heterosexual y de mediana edad tiene la autoridad para explicar el mundo», reflexiona Sonia Herrera (profesora de los estudios de ciencias de la información y de la comunicación de la UOC, especializada en comunicación con perspectiva de género).

El Financial Times se percató de que solo dos de cada diez personas que citaban en sus artículos, crónicas, reportajes eran mujeres, y, para subsanar ese sesgo, desarrolló un bot que analiza las fuentes de las noticias para corregir desequilibrios [1].En España, aunque el informe Científicas en Cifras 2025 sitúa al personal investigador femenino en un 39,6%, una cantidad elevada respecto a Europa y el resto del mundo, las mujeres no tienen la misma presencia en los medios de comunicación. Esta paradoja se ha denominado “techo de papel”, al que se suma, el sesgo de atribución, conocido como Efecto Matilda: incluso cuando las mujeres consiguen asomar a la prensa, su autoría se diluye.

El informe Gender, Science and Media de la Comisión Europea constata que las investigadoras reciben menos menciones individuales que sus colegas varones, incluso siendo las autoras principales. La tendencia mediática es citar al “jefe del laboratorio”, que suele ser un hombre.

No solo no hay mujeres expertas en los medios, sino tampoco personas racializadas, del colectivo LGTBIQ+, o con cuerpos no normativos. “Al no recoger la diversidad social, los medios proyectan una imagen hegemónica de quién puede sentar opinión y al final parece que solo el hombre blanco, heterosexual y de mediana edad tiene la autoridad para explicar el mundo», reflexiona Sonia Herrera (profesora de los estudios de ciencias de la información y de la comunicación de la UOC, especializada en comunicación con perspectiva de género).

El Financial Times se percató de que solo dos de cada diez personas que citaban en sus artículos, crónicas, reportajes eran mujeres, y, para subsanar ese sesgo, desarrolló un bot que analiza las fuentes de las noticias para corregir desequilibrios [1].

¿Quién tiene autoridad para hablar?

Los medios de comunicación, tienen el poder de generar un gran impacto en la configuración de nuestros pensamientos, nuestra comprensión del género, los roles, los estereotipos, así como influir en nuestras acciones. Estudios recientes [3], continúan poniendo de relieve los desafíos permanentes a los que se enfrentan las periodistas: desde normas y prácticas excluyentes, que encasillan a las mujeres en rubros específicos y obstaculizan su progreso profesional, desde el acoso sexual por parte de colegas, pasando por la violencia online y offline.

Tales obstáculos, junto con otras desigualdades sociales, proporcionan un telón de fondo útil para comprender por qué los desequilibrios en las coberturas periodísticas también han demostrado su obstinación. Según el estudio del Instituto Reuters [3], en el que examinaron 12 mercados de cuatro continentes, se concluyó: El consumo de noticias de medios liderados por mujeres crece hacia una mayor equidad de género, desde un 74% en Finlandia y Hong Kong hasta un 23% en México (Figura 2).

La mayoría de los directores son hombres, incluso allí donde hay más mujeres ejerciendo el periodismo. El porcentaje de mujeres directivas varía significativamente entre los distintos mercados: desde un 7% en Corea del Sur hasta un 46% en el Reino Unido. España se sitúa en un 25%. (Figura 1).

Figura 1. Porcentaje de mujeres directoras en cada mercado. Extraído de [3].

Figura 2. Porcentaje de usuarios de noticias online que usa al menos una fuente dirigida por una mujer.

El coste de exponerse

Según la encuesta liderada por Science Media Centre España (SMC) [5] junto con el grupo de investigación Gureiker, de la Universidad del País Vasco todavía hoy en día, se evidencia una brecha de género en la carrera investigadora, las mujeres tienen más dificultades para avanzar en su carrera científica y, además, su presencia es reducida en ciertas disciplinas.

Esta brecha también se observa en la producción de conocimiento. Las mujeres publican menos papers y obtienen un impacto menor. La brecha se extiende a la comunicación de la ciencia, una actividad que cada vez tiene más relevancia social y académica

Los datos además muestran que los hombres reciben con mayor frecuencia solicitudes para intervenir como fuentes expertas en los medios de comunicación.

En este sentido, la mayor exposición mediática de los hombres científicos les beneficia de cara a futuras intervenciones. Así, cuando se analizan las razones por las que el equipo de periodistas del SMC contactó con una fuente potencial para comentar una noticia científica en el periodo del estudio, se observa que el 51,65% de los hombres fueron contactados porque ya habían participado antes en este tipo de contenidos, frente al 43,16% de las mujeres. A ellas, en cambio, se las consultó en más ocasiones porque habían escrito papers recientes sobre el tema tratado (48,07%) que a ellos (40,94%) (Figura 3).

Figura 3. Porcentaje de fuentes (total, hombres y mujeres) según la razón por la que el SMC les consultó durante el periodo de análisis. Extraído de [2].

Según este mismo estudio, los científicos muestran una mayor predisposición que las científicas a aceptar las propuestas del SMC para ser fuentes informativas: del total de mujeres consultadas, el 20,35% accedió, frente al 26,37% de los hombres consultados 

En resumen, durante este estudio del total de personas que aceptaron las propuestas del SMC y aparecieron finalmente como fuentes informativas, 37,66% fueron mujeres frente a 62,34% hombres. 

Motivaciones y obstáculos

La mayoría de las personas que han participado como fuentes informativas lo han hecho porque piensan que es parte de su trabajo o porque quieren mejorar la cobertura mediática. Entre los científicos prima más el beneficio individual para su carrera académica que entre las científicas.

Aparte del género, influyen en su participación en los medios otros factores, tales como la experiencia investigadora. Las personas con una trayectoria más corta señalan en mayor proporción que les gusta comunicar con los medios y que acceden a colaborar porque creen que les beneficia en su carrera académica.

Por áreas científicas, las personas que trabajan en ciencias de la vida y la salud son quienes más aprecian la oportunidad de mejorar la cobertura de sus temas (64,62%), probablemente debido al peso que estos tienen en la agenda mediática (Figura 4).

Figura 4. Motivaciones por las que aceptaron ser fuente informativa, según su área de investigación. Extraído de [2].

Obstáculos

• La falta de tiempo debido a la carga de trabajo es el principal argumento (63,16%) que emplean tanto los científicos como las científicas que rechazaron la propuesta de ser fuente informativa del SMC durante los tres meses de análisis (Figura 5).

• Ninguna de las personas que han rechazado ser fuentes científicas alega razones relacionadas con una percepción negativa de su participación en los medios.

• El 6,56% de las mujeres frente a un 5,56% de hombres rechazan participar porque no se consideran expertas en el tema.

Figura 5. Obstáculos reportados por las personas (total, mujeres y hombres) que rechazaron ser fuente informativa (respuesta múltiple). Extraído de [2].

Conciliación familiar y espacios no seguros

No se aprecian grandes diferencias de género en las barreras que impiden al personal investigador intervenir en los medios de comunicación, excepto en una: la falta de tiempo por cuestiones de conciliación, que afecta más a las científicas (22,95%) que a los científicos (10%), con una notable diferencia de casi 13 puntos porcentuales [2].

A eso se suma que en ocasiones las mujeres no sienten algunos espacios como seguros. Es el caso de las redes sociales, donde está documentado que ellas están expuestas a más ataques y más agresivos que las descalifican [4].

Según una encuesta del SMC España publicada en diciembre de 2024 [5], más de la mitad del personal investigador que comunica ciencia ha sufrido ataques. La brecha, no obstante, es clara: el 56,8% de las científicas reporta haber sufrido agresiones, frente al 46,2% de sus colegas hombres. 

El ataque más común hacia las expertas es el descrédito intelectual: en este mismo estudio un 34,3% de las investigadoras afirma haber recibido comentarios que cuestionan directamente su capacidad científica o su valía profesional, algo que ocurre con mucha menor frecuencia en los hombres.

En este sentido, datos de la UNESCO (2025) muestran que el 75% de las mujeres que trabajan en la esfera pública (periodistas y expertas) han experimentado violencia en línea, y amenazas de violencia física y sexual. Es más, en los últimos dos años se ha detectado un aumento del uso de inteligencia artificial para generar desinformación de género y deepfakes para silenciar a mujeres que ocupan espacios de autoridad.

La falta de referentes femeninos en los medios de comunicación, y también en los libros de texto, donde las mujeres apenas aparecen (7,5% de los referentes culturales y científicos) contribuye y agranda la narrativa de los estereotipos, ensancha la brecha de género, lo que evita que la ciencia se perciba como un conocimiento propio [6].

Es interesante citar a la asociación AMIT [7] ya que dispone de una base de datos de mujeres investigadoras y tecnólogas donde los medios de comunicación y editoriales pueden nutrirse.

En consecuencia, el desafío no se limita a incrementar la presencia cuantitativa de mujeres en los medios de comunicación, sino a transformar los marcos narrativos desde los que se construye su representación, con el fin de evitar la reproducción de estereotipos de género y ampliar los modelos de referencia disponibles para las nuevas generaciones.

Bibliografía

1. Agencia Sinc, Cristina Sáez, 6 de marzo de 2026 .¿Dónde están las mujeres (científicas) en las noticias?

https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Donde-estan-las-mujeres-cientificas-en-las-noticias?fbclid=IwZnRzaAQatX1leHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZAo2NjI4NTY4Mzc5AAEeXl-ZuAq9YNMMnyKQvfizC_EqwHPZT1PDvTtP5edPAermELhh2zsgFzTFEsQ_aem_cBDeGOT_yShqukePmgak9w

2. Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, (2025). Participación de las científicas como fuentes expertas en los medios: motivaciones y obstáculos. 

https://doi.org/10.58121/7K55-HQ79

3. Reuters Institute, Universidad de Oxford, (2025). Mujeres y liderazgo en los medios informativos en   2025: evidencias de 12 mercados.

https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/es/mujeres-y-liderazgo-en-los-medios-informativos-en-2025-evidencias-de-12-mercados

4. UNESCO, (diciembre 2025). Global survey reveals rising violence against women journalists.

https://www.unesco.org/en/articles/global-survey-reveals-rising-violence-against-women-journalists

5. Science Media Centre España, (diciembre 2024). Más de la mitad del personal investigador que comunica sobre ciencia en los medios admite haber sufrido ataques, según una encuesta del SMC España

https://sciencemediacentre.es/mas-de-la-mitad-del-personal-investigador-que-comunica-sobre-ciencia-en-los-medios-admite-haber

6. STECyL, (febrero 2021).  Mujeres en los libros de texto, relato de una exclusión cultural.

7.  AMIT

https://amit-es.org/buscador