Existen diversos estudios que evidencian la existencia de un sesgo en las evaluaciones y reconocimiento de méritos en contra de las mujeres: para el mismo grado de productividad y méritos, la mujer es considerada menos competente. No solemos ser conscientes de nuestros sesgos por lo que la única forma de hacerlo patente es estudiando estadísticamente los resultados de evaluaciones ciegas.

Los sesgos en las evaluaciones aparecen en distintas etapas de la vida y pueden ir afectando a las decisiones que tomamos con respecto a nuestra trayectoria profesional. Este sesgo, que se produce independientemente del género de la persona evaluadora, es fundamentalmente inconsciente y presenta matices en diferentes países. A pesar de ello, los resultados de las evaluaciones en procesos de contratación parecen ser sensibles a la paridad en la composición del tribunal evaluador.

En un reciente estudio realizado en Tel-Aviv (Israel) se comparó la evaluación de los exámenes de miles de estudiantes en ciertas asignaturas en pruebas internas que realizan los propios profesores que conocen a los alumnos y alumnas, y en pruebas externas en las que la evaluación es ciega. En los exámenes de matemáticas en primaria, las chicas sacaban mejores notas que los chicos en las pruebas externas de evaluación ciega, pero peor en las pruebas internas de evaluación no ciega. En los exámenes de inglés y hebreo no se aprecia un sesgo en contra de las chicas. Se hizo un seguimiento de los mismos estudiantes que concluyó que las chicas que habían sido desanimadas con las calificaciones elegían los cursos de ciencia en menor medida mientras que los chicos que se habían beneficiado del sesgo mejoraban su rendimiento en los cursos superiores.

Otro estudio relacionado se realizó en Suiza, Austria y Alemania en 2014 con estudiantes ficticios de secundaria que contestaban a una pregunta conceptual (no numérica) de Física. Todas las preguntas y respuestas eran exactamente iguales y los profesores tenían acceso al supuesto género de la persona que la había escrito. Los profesores (730 en total) no sabían que estaban participando en un estudio de género y pensaban que estaban juzgando estudiantes reales. En las evaluaciones, apreciaron un sesgo en contra de las chicas. La existencia de este sesgo era independiente del género de los evaluadores y desaparecía al aumentar la experiencia de los profesores y profesoras. Este sesgo no afectaba a los profesores (hombres) alemanes.